Yo también soy Pandora
La crisis no afecta a todos, no nos engañemos. Ahora incluso nos muestran por televisión, a nosotros, a los comunes mortales, las casas más opulentas de España. Aquellas en las que no sólo nunca viviremos, sino que no podríamos pagar trabajando honradamente ni en cinco vidas y media. Nos enseñan casas con balnearios, piezas de artesanía, rascacielos de bolsillo en los que vive una familia, señoras con más zapatos que días para usarlos… En fin, nos muestran el lujo y el derroche de quienes no podrían creer que su cuarto de baño más pequeño es el espacio equivalente al que disponen muchas familias de cinco miembros para vivir.
Pero este programa no trata otro caso paradigmático en esto de la ausencia de preocupaciones mundanas. No habla del mayor anacronismo y el lastre económico que conlleva. El Partido Comunista de España comienza este miércoles día 20 de enero una campaña de recogida de firmas en todo el Estado para presentar ante la Comisión de Peticiones del Congreso de los Diputados una propuesta para el control público de las cuentas de la Casa Real.
Ya que se perfila en el horizonte –y el horizonte es una línea imaginaria que se aleja según te acercas a ella- la reivindicación importante, esto es, la petición masiva de una consulta para elegir el modelo de Estado, sería todo un paso conseguir que viéramos a qué van destinados los fondos públicos que recibe la monarquía, así como de los sueldos de cada miembro de la Familia Real. Es difícil batallar, siquiera criticar, aquello que es invisible. Lo oculto, lo opaco, en definitiva, lo invisibilizado, resulta difícil de poner contra las cuerdas tanto como resultaría difícil una pelea con un enemigo transparente.
Es muy humano cubrir algo cuando se quiere ocultar. Pero más humano todavía es descubrirlo, que se lo digan a Pandora.
lunes 18 de enero de 2010
martes 22 de diciembre de 2009
Los tentáculos del patriarcado
Hasta en aquellas cosas que creemos hacer con mayor libertad, como reflexionar sobre un dilema que se nos presenta, la ideología patriarcal interviene. Para explicar en qué forma sutil hemos naturalizado las mujeres –y sobra decir que también los hombres- el papel que nos corresponde, transcribo aquí un extracto del libro de Carol Guilligan Con una voz diferente.
En un estudio en el que a las mismas preguntas respondían un niño y una niña de 11 años:
Cuando entran en conflicto las responsabilidades con uno mismo y con los demás ¿Cómo escogerías?
Jake: Se dedica una cuarta parte a los demás, y tres cuartas partes a uno mismo.
Amy: Bueno, en realidad depende de la situación. Si tengo una responsabilidad con alguien más, entonces cumplo con ella hasta cierto grado, pero hasta el punto en que realmente no va a dañarme, o a impedirme hacer algo que realmente quiero, entonces tal vez deba ponerme yo primero. Pero si nuestra responsabilidad es para alguien que está realmente cerca de mí, tengo que decidir en tal situación qué es más importante, yo misma o tal persona y, como dije, realmente depende de qué tipo de persona es una y qué siente hacia la otra persona o las otras personas.
¿Por qué?
Jake: Porque lo más importante en la decisión debe ser uno mismo, no dejarse guiar totalmente por otros, pero sí hay que tomarlos en consideración. Por eso, si lo que se quiere hacer es volarse a sí mismo con una bomba atómica, tal vez lo mejor sea volarse con una granada de mano porque hay que pensar también en nuestros prójimos que también morirían.
Amy: Bueno, algunos se ponen ante todo a sí mismos y sus cosas antes que a los demás. Yo no creo que el empleo sea algo tan importante como alguien a quien queremos, como el esposo, o los padres, o una amiga íntima. Alguien a quien realmente queramos; o si es sólo nuestra responsabilidad hacia nuestro trabajo o hacia alguien al que apenas conocemos, entonces tal vez una pueda ver primero…pero si es alguien al que realmente queremos tanto o más que a nosotros, entonces hemos de decidir realmente qué queremos más, a esa persona, a esa cosa, o a nosotros mismos.
¿Y cómo haces eso?
Amy: Bueno, hay que reflexionar, y hay que pensar en las dos caras del asunto y hay que pensar qué sería mejor para todos, o mejor para una, qué es más importante, y que dejará contentos a todos. Como por ejemplo, si las otras personas pueden conseguir a otro para hacerlo, sea lo que sea, o si realmente no nos necesitan a nosotros, tal vez sea mejor hacer lo que queremos, porque los demás quedarán igualmente bien con alguien más y así quedarán contentos, y entonces también nosotros quedaremos contentos porque hicimos lo que queríamos.
Creo que no puede estar más claro. Cada uno responde según la educación que ha recibido en función de su sexo. Él prima la autonomía, la libertad que como individuo tiene para hacer aquello que quiere sin perjudicar a los demás.
Ella no. Le han enseñado a cuidar a los otros, a intentar que todos queden contentos, que nadie pueda verse dañado porque ella haga lo que realmente quiere. Y si para eso tiene que dañarse ella, está justificado, y es motivo de reconocimiento público. Estoy harta de oír frases del tipo Me quiere tanto que no ha aceptado ese trabajo fantástico que le ofrecían en San Francisco acompañado de una sonrisa. Y al lado, ella resignada, pensando en todas las tardes de estudio y los cuatro años de doctorado y tesis, abrazada a su hombre.
Y ella ha elegido con plena libertad, una libertad educada para renunciar a cierto tipo de sueños. Porque el sueño de toda mujer –dice el manual- no es alcanzar el éxito, sino es el familiar. Oigo a amigas ¿Qué haría si le dejo? O ¿Qué haría yo allí sin él? Y eso es exactamente lo que algunos piensan. Que sin ellos no podríamos estar. Que sin ellos, aunque el resto de nuestra vida vaya de maravilla, no seremos felices.
Y se juzga a las mujeres –nosotras mismas lo hacemos- por ser sujetos autónomos y atreverse a romper ese papel de cuidadora de todos menos de sí misma. Nos hace sentir mal tomar decisiones que queremos tomar por las consecuencias que tienen en los que nos rodean. Pero si realmente importáramos, serían los primeros en decirnos de verdad, que adelante. Decirlo con todas las letras y sin resentimiento. Querer lo mejor para quien quieres aunque te duela. Por eso las mujeres van con sacos de culpa y sueños por la calle. Por eso dejan sus trabajos para cuidar a su madre –evidentemente sus hermanos no pueden hacerlo, aunque todos la admiran por su dedicación- y si hacen lo que quieren son egoístas que sólo piensan en ellas.
Estoy harta de que el cristianismo haya entrado tan dentro de mentes que se declaran tan ateas. La culpa y el remordimiento, la mujer como la naturaleza frente al hombre cultural. Ella pasional y él racional. Todo es educación. Aparentemente muchos creen haber superado lo antes dicho, pero no cesa. No cesan los reproches de una u otra manera, y todo es sutil, pero refleja el mismo sentimiento de desaprobación hacia la autonomía de las mujeres. Basta de auto sacrificio. Basta
Hasta en aquellas cosas que creemos hacer con mayor libertad, como reflexionar sobre un dilema que se nos presenta, la ideología patriarcal interviene. Para explicar en qué forma sutil hemos naturalizado las mujeres –y sobra decir que también los hombres- el papel que nos corresponde, transcribo aquí un extracto del libro de Carol Guilligan Con una voz diferente.
En un estudio en el que a las mismas preguntas respondían un niño y una niña de 11 años:
Cuando entran en conflicto las responsabilidades con uno mismo y con los demás ¿Cómo escogerías?
Jake: Se dedica una cuarta parte a los demás, y tres cuartas partes a uno mismo.
Amy: Bueno, en realidad depende de la situación. Si tengo una responsabilidad con alguien más, entonces cumplo con ella hasta cierto grado, pero hasta el punto en que realmente no va a dañarme, o a impedirme hacer algo que realmente quiero, entonces tal vez deba ponerme yo primero. Pero si nuestra responsabilidad es para alguien que está realmente cerca de mí, tengo que decidir en tal situación qué es más importante, yo misma o tal persona y, como dije, realmente depende de qué tipo de persona es una y qué siente hacia la otra persona o las otras personas.
¿Por qué?
Jake: Porque lo más importante en la decisión debe ser uno mismo, no dejarse guiar totalmente por otros, pero sí hay que tomarlos en consideración. Por eso, si lo que se quiere hacer es volarse a sí mismo con una bomba atómica, tal vez lo mejor sea volarse con una granada de mano porque hay que pensar también en nuestros prójimos que también morirían.
Amy: Bueno, algunos se ponen ante todo a sí mismos y sus cosas antes que a los demás. Yo no creo que el empleo sea algo tan importante como alguien a quien queremos, como el esposo, o los padres, o una amiga íntima. Alguien a quien realmente queramos; o si es sólo nuestra responsabilidad hacia nuestro trabajo o hacia alguien al que apenas conocemos, entonces tal vez una pueda ver primero…pero si es alguien al que realmente queremos tanto o más que a nosotros, entonces hemos de decidir realmente qué queremos más, a esa persona, a esa cosa, o a nosotros mismos.
¿Y cómo haces eso?
Amy: Bueno, hay que reflexionar, y hay que pensar en las dos caras del asunto y hay que pensar qué sería mejor para todos, o mejor para una, qué es más importante, y que dejará contentos a todos. Como por ejemplo, si las otras personas pueden conseguir a otro para hacerlo, sea lo que sea, o si realmente no nos necesitan a nosotros, tal vez sea mejor hacer lo que queremos, porque los demás quedarán igualmente bien con alguien más y así quedarán contentos, y entonces también nosotros quedaremos contentos porque hicimos lo que queríamos.
Creo que no puede estar más claro. Cada uno responde según la educación que ha recibido en función de su sexo. Él prima la autonomía, la libertad que como individuo tiene para hacer aquello que quiere sin perjudicar a los demás.
Ella no. Le han enseñado a cuidar a los otros, a intentar que todos queden contentos, que nadie pueda verse dañado porque ella haga lo que realmente quiere. Y si para eso tiene que dañarse ella, está justificado, y es motivo de reconocimiento público. Estoy harta de oír frases del tipo Me quiere tanto que no ha aceptado ese trabajo fantástico que le ofrecían en San Francisco acompañado de una sonrisa. Y al lado, ella resignada, pensando en todas las tardes de estudio y los cuatro años de doctorado y tesis, abrazada a su hombre.
Y ella ha elegido con plena libertad, una libertad educada para renunciar a cierto tipo de sueños. Porque el sueño de toda mujer –dice el manual- no es alcanzar el éxito, sino es el familiar. Oigo a amigas ¿Qué haría si le dejo? O ¿Qué haría yo allí sin él? Y eso es exactamente lo que algunos piensan. Que sin ellos no podríamos estar. Que sin ellos, aunque el resto de nuestra vida vaya de maravilla, no seremos felices.
Y se juzga a las mujeres –nosotras mismas lo hacemos- por ser sujetos autónomos y atreverse a romper ese papel de cuidadora de todos menos de sí misma. Nos hace sentir mal tomar decisiones que queremos tomar por las consecuencias que tienen en los que nos rodean. Pero si realmente importáramos, serían los primeros en decirnos de verdad, que adelante. Decirlo con todas las letras y sin resentimiento. Querer lo mejor para quien quieres aunque te duela. Por eso las mujeres van con sacos de culpa y sueños por la calle. Por eso dejan sus trabajos para cuidar a su madre –evidentemente sus hermanos no pueden hacerlo, aunque todos la admiran por su dedicación- y si hacen lo que quieren son egoístas que sólo piensan en ellas.
Estoy harta de que el cristianismo haya entrado tan dentro de mentes que se declaran tan ateas. La culpa y el remordimiento, la mujer como la naturaleza frente al hombre cultural. Ella pasional y él racional. Todo es educación. Aparentemente muchos creen haber superado lo antes dicho, pero no cesa. No cesan los reproches de una u otra manera, y todo es sutil, pero refleja el mismo sentimiento de desaprobación hacia la autonomía de las mujeres. Basta de auto sacrificio. Basta
jueves 17 de diciembre de 2009
La ventana de mi habitación está enferma. Llora todo el día, llueve a borbotones aunque la ponga al sol. La empapa un sudor frío que ya empieza a desteñir la pared. Y yo le pongo canciones que alegran a cualquiera. Me siento en la cama a mirarla despacio, con suavidad. Se niega a todo diálogo. Me devuelve un reflejo borroso y callado en lágrimas que se escurren por el marco. La acaricio y le seco los recodos, la arropo al notarla fría con la persiana.
¿Cómo se cura de pena una ventana?
¿Cómo se cura de pena una ventana?
martes 24 de noviembre de 2009
Todo son huesos, lo demás sobra.
Y el tiempo se encargará de demostrarlo hasta a aquellos que ansían más la inmortalidad. La buscan en la religión, en la fama, o en la prole, según Unamuno.
Pero son huesos, sois huesos y yo también. Más vale que nos vayamos enterando.
Todavía resuenan en mis manos los huesos de los muertos. De los muertos que estuvieron vivos como nosotros, que fueron jóvenes como nosotros y tuvieron sueños que acabaron al pie de la cuneta.
De los que sólo quedan entre paladas de tierra huesos que hay que andar separando de las piedras. Los trozos de hueso no pesan, en eso se diferencian de las piedras, y son porosos, pero igualmente están cubiertos de barro e indiferencia.
Tienen, ahora, la misma vida que las piedras. Pero tenían nombres. Fueron Cecilio, Antonio, Luisa o Sagrario.
No sé dónde está la historia ni a quién importa, escondida quizá en un cajón con telarañas, gimoteando detrás de un muro sujeto a balazos.
Sobran estas palabras. Todo sobra.
Y el tiempo se encargará de demostrarlo hasta a aquellos que ansían más la inmortalidad. La buscan en la religión, en la fama, o en la prole, según Unamuno.
Pero son huesos, sois huesos y yo también. Más vale que nos vayamos enterando.
Todavía resuenan en mis manos los huesos de los muertos. De los muertos que estuvieron vivos como nosotros, que fueron jóvenes como nosotros y tuvieron sueños que acabaron al pie de la cuneta.
De los que sólo quedan entre paladas de tierra huesos que hay que andar separando de las piedras. Los trozos de hueso no pesan, en eso se diferencian de las piedras, y son porosos, pero igualmente están cubiertos de barro e indiferencia.
Tienen, ahora, la misma vida que las piedras. Pero tenían nombres. Fueron Cecilio, Antonio, Luisa o Sagrario.
No sé dónde está la historia ni a quién importa, escondida quizá en un cajón con telarañas, gimoteando detrás de un muro sujeto a balazos.
Sobran estas palabras. Todo sobra.
miércoles 23 de septiembre de 2009
Hay que seguir luchando precisamente por eso, porque existe esa motivación mutua, da igual la distancia.
lunes 13 de julio de 2009
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades y felicidad es...
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
felicidades felicidades felicidades felicidades felicidades
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felicidades felicidades felicidades felicidades y felicidad es...
miércoles 10 de junio de 2009
¿Te conté que atardece en Londres? Pues lo hace, pese a los ingleses. Parece que hace siglos, y estuve allí en marzo. Te gustaría. Entendí un poco más alguna que otra novela. Tuve mucho tiempo para pasear sola. Tuve mucho tiempo para coger un metro y luego otro y llegar exactamente a donde quería. Y tuve mucho tiempo para darme cuenta del poco tiempo que tenemos para viajar. De todo lo que hay que ver en este mundo que a veces reducimos a una ciudad, un país, un continente... Cuánto falta.
Primero nos alojamos en pleno Picadilly, pero luego estuvimos mucho mejor en Candem Town. Por la mañana mercadillo -el barrio está apestado de turistas, eso sí- y por la noche es una zona con muchos barecitos con su billar y sus cervezas.
Nohting Hill -con la calle Portobello Road, la de Mary Poppins- mereció la pena el paseo con la mochila a cuestas, aunque también demasiada gente entre los puestos. Me acordé de mi padre, y también de tí cuando vi todas esas máquinas de fotos de hace muchos años.
Y tengo una foto, en mitad de Londres, del Bar Lorca!
Muchas cosas más. No sé por qué justo ahora me he acordado de aquel viaje.
Pero es, sin duda, otro gran motivo.
Muchos besos
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