A las once de la mañana y después de tres escasas horas de sueño me han despertado para darme la fatal noticia: un fortísimo terremoto ha sacudido Perú.
Creo que nunca antes me había despejado tan rápido. De un bote me he vestido, y atontada por la casa, con los ojos llorosos he comprobado cómo la televisión no decía absolutamente nada de lo ocurrido. Programas del corazón y dibujos animados.
Estoy segura de que si hubiera sido en cualquier lugar de Europa, o de Estados Unidos hubiéramos tenido un seguimiento milimétrico. Pero no.
La radio nos ha servido de guía para descubrir que Lima también se ha visto afectada, aunque en menor medida, por el terremoto que ha alcanzado una magnitud de 7,9.
Con lágrimas en los ojos he pedido en una frutería del barrio una tarjeta activa para llamar a Perú. Era la última. Después de despertar a "mami Lusi" porque allí eran las cuatro y media de la madrugada, he llamado a la casa donde me han dicho que la encontraría.
- ¿Alóo?
- Buenas noches, perdón por llamar a estas horas pero llamo por lo de-
- ¡CARMEN! Por el terremoto. Noooo, no me llores, estamos bien. Qué tonta soy, debería haberte avisado. Te estoy extrañando mucho. Eres la más dramática...
- ¿Cómo ha sido? Estaba imaginando todas las cosas horribles que te podían haber pasado...
- Bajábamos del taxi y todo ha empesado a moverse. Primero ha sido un temblor chiquito, y luego ya enorme. Hemos crusado la calle y yo creía que iba a desmayarme. Esperaba que la calsada se abriera por alguna parte en cualquier momento.
Las lunas se rompían y la gente salía de sus casas gritando...Horrible.
- Pero una nueva experiencia, una vez hablamos de que querías notar un terremoto estando en la calle.
Y nos hemos alargado, hablando de esto y de lo otro, hasta que hemos decidido que teníamos que volver a dormir un poco.
He vuelto a acostarme pero no podía parar de llorar. La angustia de pensar que podía haber pasado lo peor se ha ido soltando con cada lágrima, pero sin duda ha sido una de las peores sensaciones de mi vida. Y así, con el corazón en la garganta he caído en un sueño ligero del que me han despertado para comer.
En las noticias si que he podido ver imágenes de Perú y de cómo ha afectado el terremoto, uno de los mayores en los últimos 50 años.
Las lágrimas han vuelto a brotar al ver a algunos de los 50.000 peruanos que viven en Madrid diciendo que no localizan a sus familias, que saben que sus casas han caído y nadie coge los teléfonos que sin duda suenan por todo el país.
Peruanos con los que te cruzas a diario, de esos que los ignorantes llaman "ecuatos" y los imbéciles "sudacas", esos que aman como tú y que necesitan apoyo y comprensión hoy más que nunca.
Por todos los muertos y heridos, y sobretodo por sus familiares, lanzo estas palabras que de poco sirven, pero que van cargadas de aprecio y admiración. También de esperanza.
Para todos los que la queréis, estad tranquilos, mi hermanita está sana y salva.