lunes 14 de enero de 2008
miércoles 2 de enero de 2008
Vivo mucho mejor que millones de personas en el mundo.
A veces, cuando todos están celebrando -y no es que mi familia sea una de esas que despilfarran- me tapo hasta el cuello y me paso horas pensando. A veces lloro. Otras me quedo dormido y sueño.
Dicen que hemos cambiado de año pero yo no he notado nada nuevo. Creo que necesitan acabar con todo para que todo empiece de nuevo. Con la manía de medir el tiempo hasta el último segundo, de cronometrar vidas y compartimentar las sensaciones, acaban con todo para que haya nuevas oportunidades. Así después de un año viene otro. No les falla. Les aporta la misma seguridad que el saber que si son las 23:59 el siguiente minuto hará que sea un nuevo día a medianoche.
Me siento culpable, no puedo evitarlo. Tengo mi comida, cama, techo, y ropa de todo tiempo. Me sobran miles de necesidades creadas. Pero es que hay gente, dice una voz en mi cabeza, que ni siquiera tiene qué llevarse a la boca. Ni en estas fechas, señora, fíjese qué drama. Esta es la verdad más sabida del mundo. Y también la más ignorada. Luego votar no vale para nada pues "todos son iguales", "no hay ninguno bueno", "a mí nadie me representa"...Pero no hablemos de meterse en política, aunque ella sí que se mete (y en todos los aspectos de tu vida). Y por si fuera poco la mayoría se deja engañar por los grandes medios de comunicación que tiran por tierra cualquier intento de un gobierno socialista (pero socialista de ideología, no de llevarlo en la sigla). Se meten con los países que se levantan y agarran por donde más duele al régimen capitalista. Ya está bien de tanta hipocresía. Muchos correos de "por un mundo más justo" vuelan en estos días, pero ¿Quién va a hacerlo sino nosotros? ¿Quién va a exigirlo? Aunque suponga perder comodidades que nosotros, privilegiados, tenemos.
No son niñerías que pasarán cuando crezca y morderé a todo aquel que repita eso de "Quien de joven no es comunista es que no tiene corazón, pero quien de viejo no es capitalista es que no tiene cabeza" porque ya ni siquiera se cumple eso de que el adjetivo de la juventud sea el idealismo.
Pero tampoco me hagáis mucho caso, sólo soy un perro envuelto en una toalla azul. Junto al radiador de la cocina. Aunque si miráis mis ojos puede que encontréis algo que os sea familiar...
Somos los perros, los parias de la tierra los que seguimos mirando diferente. Porque por desgracia sigue haciendo falta. Teoría y práctica.