El día anterior estaba con ellos en Tafalla. Mi madre me dijo que al día siguiente irían a Calahorra a pasar el día en casa de mi abuela. No le di mayor importancia.La fotografía está sacada por mi padre minutos después de la explosión del coche bomba colocado por E.T.A. en el centro de la ciudad.
He sacado de debajo de los escombros algo que escribí hace tiempo y le he arrancado el final:
¿Cuánto vale una vida?
¿Vale algo?
¿Hay vidas que valen más que otras? ¿Cuáles?
¿Cuánto pagarías por la de tu madre?
¿Y por la tuya?
Salí con mis dudas al mercado de una gran ciudad, de esas en las que los tenderos no te conocen y todo se puede comprar en máquinas. Me dirigí a una de las pocas personas que había allí.
Era un señor mal encorbatado y visiblemente harto de su trabajo.
- ¿Cuánto cuesta una Ideología?
- Mmm…Estas están más caras porque ya no se fabrican. Me quedan pocas, la verdad no creo que te vaya ninguna. Están pasadas de moda.
¿No te interesa más el Pasotismo que tengo en el escaparate? Los tengo de izquierdas y de derechas, y por supuesto el especial para jóvenes, que se agota cada semana.
- No, no es lo que buscaba. Quiero una Ideología, esa de ahí, la que grita y se revuelve.
Me miró aún más extrañado, como si hubiera entrado en una tienda de animales a pedir un dinosaurio y encima eligiera el cojo.
- Bien. Te daré las instrucciones de uso. Aunque no creo que hagas nada con ella. Tienes que conocerla primero y si te convence, intentar llevarla a la práctica.
- Ya, pero no todo vale. Quiero decir…no puedo hacer cualquier cosa para que todo sea como yo quiero. Por muy convencida que esté.
- ¿No? Y entonces niña, ¿Para qué te la compras?