Cuando te mueres con doce años,
por experiencia:
Te da una rabia
que bien podría romper los cristales de las iglesias.
Morir con doce años
no da tiempo a oír los gritos de las madres
ni a saber qué es la filosofía.
Es algo cotidiano que no viene en los libros
más que como una cifra.
Cuando alguien muere sin cumplir los trece
la vida es una bolsa pestilente
y yo no alcanzo a ser cáscara de pipa.
Morir a los doce años
sólo sirve para que tu padre te coja en brazos
blanco como un escalofrío.
Y apenas da tiempo a subir la persiana.
Morir con la docena
haría amargar cualquier postre.
No es sólo tener prisa,
es el terrorismo mundialmente permitido.
Morir sin trece años
no tiene algún sentido.
Es no tener respeto a los mayores,
ni a las normas sociales…
Es ir contra el estado de derecho.
Morir con doce años
ni tan siquiera es serio.
Es no tener ni idea de estar vivo.
Carmen Madorrán Ayerra
