viernes 22 de agosto de 2008



La isla




Casi lo oyes



¿No es así?



Al final del jaleo de los coches en la calle, de la gente, del silencio de tu habitación a cualquier hora.



Si te reclinas un poco en el asiento y apagas la música...



¿Aún no lo escuchas? Baja suavemente los párpados.



Y ahí está. El rumor de millones de peces diciendo al tiempo mar mar mar mar mar.



Despacito, sonriente, salado casi azul a veces, rezumando espuma...







Y es de esa inmensidad -hoy recuerdo- donde nace mi tristeza y homenaje para quienes se han quedado anclados en un veinte de agosto.