La isla
Casi lo oyes
¿No es así?
Al final del jaleo de los coches en la calle, de la gente, del silencio de tu habitación a cualquier hora.
Si te reclinas un poco en el asiento y apagas la música...
¿Aún no lo escuchas? Baja suavemente los párpados.
Y ahí está. El rumor de millones de peces diciendo al tiempo mar mar mar mar mar.
Despacito, sonriente, salado casi azul a veces, rezumando espuma...
Y es de esa inmensidad -hoy recuerdo- donde nace mi tristeza y homenaje para quienes se han quedado anclados en un veinte de agosto.