miércoles 10 de junio de 2009


¿Te conté que atardece en Londres? Pues lo hace, pese a los ingleses. Parece que hace siglos, y estuve allí en marzo. Te gustaría. Entendí un poco más alguna que otra novela. Tuve mucho tiempo para pasear sola. Tuve mucho tiempo para coger un metro y luego otro y llegar exactamente a donde quería. Y tuve mucho tiempo para darme cuenta del poco tiempo que tenemos para viajar. De todo lo que hay que ver en este mundo que a veces reducimos a una ciudad, un país, un continente... Cuánto falta.
Primero nos alojamos en pleno Picadilly, pero luego estuvimos mucho mejor en Candem Town. Por la mañana mercadillo -el barrio está apestado de turistas, eso sí- y por la noche es una zona con muchos barecitos con su billar y sus cervezas.
Nohting Hill -con la calle Portobello Road, la de Mary Poppins- mereció la pena el paseo con la mochila a cuestas, aunque también demasiada gente entre los puestos. Me acordé de mi padre, y también de tí cuando vi todas esas máquinas de fotos de hace muchos años.
Y tengo una foto, en mitad de Londres, del Bar Lorca!
Muchas cosas más. No sé por qué justo ahora me he acordado de aquel viaje.

Pero es, sin duda, otro gran motivo.

Muchos besos

2 comentarios:

Yo tampoco dijo...

No recuerdo Portobello Road en Mary Poppins, pero sí, desde luego en La bruja novata, con canción incluída. Bueno, eso no tiene importancia.
Besos

Anónimo dijo...

Bien, has vuelto a caminar por la Literatura y la Vida...las visitas a la isla en la que se supone estuvo Camelot siempre abren perspectivas. Hubo un tiempo en que ya no abría tu blog...no estabas. Es como si, de repente, el olvido se escondiera en la bruma y dejara de ser olvido porque la bruma la borraran unas gotas de agua de Junio. De esta forma los magos pueden volver a respirar y los caballeros de la Tabla Redonda volver a leer. Lo que escriben en las servilletas de los bares de ciudades en las que nunca han estado, pero conocen perfectamente porque la imaginación les lleva a ellas.
Una vez, una espléndida escritora llena de sueños y unos espléndidos sueños llegaron a Madrid. Hablaron por un micrófono y se mezclaron con la realidad poco después. Aunque las estancias sólo son parte del gran viaje personal... Cosas que se viven y se almacenan. Luego, se elige una ruta...y, simplemente, no se mide el tiempo.
Y el equipaje, como está vivo, se lleva con facilidad.

Port