
Tomé ayer esta foto desde la ventana de la habitación donde estuviste aquella vez, en tu primera y única visita al Quinto Pino, mi habitación en la residencia. ¿Has visto? De repente comenzó a llover con fuerza, y el sol seguía resistiéndose, así que a falta de uno, si te fijas bien, verás dos arco iris... Sé que no es lo mismo que descubrirlos en el cielo, pero como tampoco estos los estás viendo, poco importa.
Ahora estoy dando vueltas buscando cosas con que llenar la maleta, mañana voy a casa y no quiero olvidar nada que luego necesite. Ya sabes, época de exámenes. Tengo tantos papeles que un día me pierdo.
Hace tanto que no voy por allí que estoy nerviosa. He traído pequeños detalles del Sáhara, también para tí uno. Tengo que contarte cómo es aquello, que veas las fotos, que entiendas lo privilegiados que somos y el deber histórico que tenemos con el pueblo saharaui, dividido, viviendo en campos de refugiados (en el desierto de Tindouf, Argelia) y en el territorio ocupado por Marruecos. Tengo que contarte que escuché cómo estallaba una mina antipersona y mutilaba a un joven de 19 años. Tienes que ver la sonrisa de Muna, la niña más pequeña de mi familia, y los ojos de su madre, Fatu, que han visto tanto...
El arco iris siempre me ha parecido un buen medio de transporte. Conecta perfectamente un punto con otro. Imagínate caminar por encima de todos los colores, como en esos dibujos animados que había cuando éramos pequeñas y todavía no estaba de moda la violencia por la violencia para los niños.
Te mando el inicio de dos arco iris, ¿Dónde acaban? Seguro que en algo así como la primavera, que te lleva dentro.
¿Subes?